El helado

Bajo del bus después de un día muy largo. Mis piernas me duelen, y aunque tengo un cono grande de helado en mi mano, estoy triste. Veo a alguien con volantes, y él me ofrece uno. Lo tomo sin sonreír, y sigo caminando por dos minutos más. De repente, empiezo a sentirme mal, y me caigo en la calle mientras todo se pone oscuro. Cuando me despierto tres días después, no tengo ninguna memoria de lo que pasó. Veo edificios extraños alrededor de mí, y todavía estoy en la calle, sin zapatos ni dignidad. Me levanto y me toco la cara suavemente para chequear la condición de mi cuerpo. Todo parece bien y suspiro con alivio. Pero cuando me miro la mano derecha, el color se va de mi cara: el secuestrador se había comido todo mi helado.

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